domingo, 9 de mayo de 2021

UN ENCUENTRO INESPERADO

Eran las 10:30 de la mañana, estaba realizando un listado de aves en el parque Enrique Tierno Galván de Madrid para la plataforma eBird, en la que se registran las especies de aves observadas en un transecto, y me encontraba junto a un grupo de cedros cuyas copas sostienen varios nidos de cotorra argentina (Myiopssita monachus), especie invasora que en los últimos años se ha multiplicado  exponencialmente en la ciudad de Madrid. 

Además de las cotorras, las palomas zuritas (Columba oenas) y los gorriones molineros (Passer montanus) aprovechan estas estructuras para anidar. Las zuritas ocupan las cámaras abandonadas y los gorriones pueden hacerlo entre los palos que conforman la estructura y en las mismas cámaras. Los ásperos gritos de  las cotorras, el zureo de las zuritas y los chillidos de los gorriones se mezclaban en una algarabía incesante.
En medio de ese alboroto surgió de pronto un sonido aflautado, una sola nota repetida cada tres segundos que procedía de uno de los cedros. Enseguida lo asocié con un autillo (Otus scops), pero aunque volvió a cantar en algún momento, me costó trabajo encontrarlo entre el ramaje del árbol, pues es un ave que permanece muy quieta y su plumaje es muy críptico. Al fin, tras un rato de  búsqueda di con él, estaba en una horquilla pegado al tronco principal. El color del plumaje y el del tronco se fundían en uno solo,  todo parecía corteza. Allí estuvo todo el rato inmóvil, salvo en las ocasiones en que el ladrido de un perro o la cercanía de alguna urraca lo alarmaban, entonces erizaba los penachos y giraba la cabeza hacia el causante de su sobresalto.

Con un peso medio de 100 gramos y 20 cm de longitud, el autillo es la más pequeña de las siete especies de búhos ibéricos. Se reconocen dos morfos en relación con el tono de su plumaje: gris y pardo, este último menos frecuente en la Península. Se alimenta fundamentalmente de insectos y otros invertebrados, y ocasionalmente de pequeños vertebrados como pajarillos o micromamíferos.

Es un ave nocturna que canta de noche, pero no es inusual que se le oiga de día como en esta ocasión. Cría en agujeros en árboles, muros y paredes, pero también puede ocupar viejos nidos de córvidos como los de urraca (Pica pica). La presencia de la cotorra argentina facilita, seguramente, nuevos lugares donde ubicar el nido: las cámaras abandonadas de sus nidos. Las puestas suelen comenzar en Europa meridional en el mes de mayo y constan de tres a seis huevos que pone a intervalos de dos días.

El autillo es un migrante transahariano, pero las poblaciones del sur de la Península pueden ser parcialmente sedentarias y recibir invernantes europeos. Los primeros autillos llegan a la Península en marzo, en agosto comienzan el retorno a sus áreas de invernada en África.

martes, 6 de abril de 2021

Buscarla unicolor (Locustella luscinioides)

Primeros días de abril en Miralrío, pequeño humedal a las afueras de Velilla de San Antonio, al sureste de Madrid. La laguna se llena de un extraño sonido que parece venir de muchos sitios a la vez. ¿Qué o quién lo produce?, ¿de dónde proviene? Es un sonsonete monótono en tono bajo formado por estrofas largas, a veces de más de 30 segundos de duración: trrrrrrrrrrrr!, que podría atribuirse a un insecto o incluso a un artefacto mecánico. Con paciencia quizá acabemos descubriendo a la criatura que lo emite: un ave de plumaje poco destacado que encaramado a una caña lanza ese extaño sonido mientras mueve la cabeza de un lado al otro. Es la buscarla unicolor (Locustella luscinioides), un pequeño migrante transahariano que hasta no hace mucho se incluía en la familia Sylvidae y actualmente se integra en la familia Locustellidae (Lista de Aves de España 2019).
Es un ave de hábitos discretos, sin embargo fácilmente detectable por su característico canto que emite en muchas ocasiones desde un posadero alto. Al cantar, suele mover la cabeza hacia los lados dando la sensación de que el sonido proviene de lugares diferentes.

Este pájaro pasa la mayor parte del tiempo oculto entre la vegetación palustre, desde allí canta y lo hace muchas veces al descubierto. Construye el nido muy cerca del agua y el tamaño de la puesta varía entre cuatro y cinco huevos.

La buscarla unicolor inverna en zonas de África ecuatorial y regresa a sus áreas de cría en Europa a partir de marzo, abandonándolas en agosto-septiembre.
Hábitat típico de la buscarla
Característica postura de canto
 




jueves, 30 de julio de 2020

UN PASEO POR LOS MONTES TOROZOS

Los intensos procesos de  erosión que actuaron sobre la meseta castellana durante el Plioceno, hace entre 5 y 2 millones de años, originaron un  conjunto de elevaciones que son las únicas formas de relieve que rompen la horizontalidad del noroeste de la provincia de Valladolid: los Montes Torozos. Formas tabulares ('mesas') y cerros testigos de forma cónica de no más de 800-900 m.s.n.m., conocidos como tesos, entre los que fluyen algunos ríos,  se extienden hacia el suroeste hasta casi rozar la provincia de Zamora.
Curruca rabilarga (Sylvia undata). Especie sedentaria
que se distribuye por toda la Península.

Hace unos días, andaba yo por el páramo de uno de ellos, el Alto del Mayo, y me sorprendió ver un precioso macho de curruca rabilarga (Sylvia undata) moviéndose nervioso entre las ramas bajas de un pequeño pino. Agitado, continuamente lanzaba al aire un reclamo de alarma;  mientras, iba y venía de un lado a otro sin quedarse quieto más de unos segundos en ningún sitio. Tanta zozobra me hizo pensar que posiblemente estuviera cerca del nido, quizá con pollos, porque en una ocasión lo vi con un insecto en el pico. Así que enseguida lo dejé tranquilo. 
Las partes inferiores son de un llamativo color rojo
teja. Esta curruca tiene el hábito de levantar la cola




Pero esto ocurría al final de la mañana.  Antes había recorrido el teso (por cierto, 'lugar de interés' en la plataforma ornitológica eBird, aunque no muy visitado) accediendo a él por las cuestas que dan al norte, y llevaba ya un buen número de avistamientos: cuatro alcaudones reales (Lanius meridionalis), tres juveniles de alcaudón común (Lanius senator), algún cernícalo primilla (Falco naumanni), un busardo ratonero (Buteo buteo), una culebrera europea (Circaetus gallicus), un nutrido grupo de gorriones chillones (Petronia petronia) con sus polluelos, un críalo (Clamator glandarius, algunos cucos (Cuculus canorus), cogujadas montesinas (Galerida theklae), calandrias (Calandrella brachydactyla), un par de zarceros políglotas (Hippolais polyglotta), pardillos (Linaria cannabina), escribanos trigueros (Emberiza calandra)...y tres codornices (Coturnix coturnix).
Juvenil de alcaudón común (Lanius senator)

Recordad que este año la codorniz ha sido elegida Ave del año 2020, en razón del declive acelerado que sufren sus poblaciones en las últimas décadas en la Península Ibérica. Su canto me hizo recordar, en estos mismos lugares, tiempos pasados y más felices para esta especie. En fin, una agradable mañana de julio.

viernes, 1 de mayo de 2020

LECTURA DE ANILLAS: FIN DE CAMPAÑA 2019-2020

Como hicimos el pasado año, durante este invierno (de octubre a marzo) hemos realizado el seguimiento de gaviotas con anillas de lectura a distancia presentes en el tramo de Madrid Río comprendido entre el puente de Andalucía y la zona donde se ubicaba el estadio Vicente Calderón. 

Febrero transcurrió con menos lecturas de anillas que enero, tan solo 16 sombrías y una reidora. Durante este mes se emplearon 20 horas de observación, pocas en relación a los meses anteriores, debido en parte al notable descenso del número de gaviotas en el río.

Marzo fue un mes complicado por la pandemia de COVID-19. Se invirtieron solo seis jornadas y el mes pasó prácticamente en blanco en cuanto  a resultados: seis gaviotas sombrías y ninguna reidora. Dimos por acabada la campaña a mediados de mes con 180 anillas registradas entre octubre y marzo, y un total de 402 lecturas; se anotaron 154 sombrías (Larus fuscus), 23 reidoras (Chroicocephalus ridibundus), una cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus) y una patiamarilla (Larus michaellis).

Desglosadas por países, casi el 40% de las sombrías proceden de los Países Bajos, con 58 anillas, seguidos de Alemania, 24; Reino Unido, 22; Noruega, 14; Dinamarca, 10; Francia, 9; Bélgica, 8; España, 8; Islandia, 1 e Irlanda, 1.

La mayoría de las reidoras son polacas, 11, y el resto se reparten así: belgas, 4; holandesas, 4; lituanas, 1; croatas, 1; francesas, 1 y españolas, 1. Hay que añadir, además, una cabecinegra de la República Checa y una patiamarilla anillada en Guipúzcoa.

Las gaviotas sombrías anilladas, cuya edad hemos podido conocer, comprenden todas las clases de edad: desde aves de primer año calendario hasta ejemplares de 17 y 19 años; además, una de 28 años de la que hablaremos más adelante.

Las reidoras también abarcan un amplio abanico de edades, la mayoría entre 2 y 5 años, pero también las hay de 8, 10, 12 y hasta de 13 años.

Los historiales de algunas de estas gaviotas hablan de lejanos orígenes, largos viajes, misteriosas ausencias y situaciones comprometidas que lograron superar. Examinándolos se deducen cosas curiosas, sobre todo de aquellos que recogen un mayor número de registros. De las 205 sombrías observadas en los dos últimos inviernos, vamos a comentar algunos de los que nos han llamado más la atención.
La holandesa VS

Dos sombrías, la danesa V.51C y la holandesa VS, esta última un ave de 12 años, se han visto en Madríd Río en los tres últimos inviernos; también la noruega J972Z, la alemana HAR45 y la holandesa 24 se han registrado regularmente en ese periodo. El resto de las anillas las hemos visto exclusivamente este invierno.  

La sombría T1, nacida y anillada en 1992 en el condado de Suffolk, en el sureste del Reino Unido. Es una hembra de 28 años con un histórico de observaciones muy irregular, pues no hay registros de esta gaviota hasta el año 2000, cuando se cita en los P. Bajos, es decir, ocho años después de ser anillada; su segundo registro, también en los Países bajos, es de 2001. Luego transcurrirán nueve años sin saber de ella hasta que en mayo de 2010 se la localiza en una zona portuaria de Rotterdam. Desde entonces, las escasas observaciones se reparten entre los Países Bajos, la Comunidad de Madrid y el Reino Unido, en este país con un solo avistamiento. No hay referencia alguna de ella en los años 2013, 2017 y 2019; el 31.01.2020 reaparece en Madrid Río. Su historial es corto, muy corto para un ave de 28 años, recoge solo 20 registros y grandes vacíos de información que añaden cierto misterio a la vida de esta veterana.

Gaviota británica T1. Ave de 28 años
La península de Reykjanes (Islandia), cerca de la capital, Reikiavik, es una zona de marcada actividad volcánica donde entran en contacto las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, definiendo lo que podríamos considerar el límite geológico entre dos continentes. En esta costa enfrentada a la de Groenlandia se anilló en 2012 a YE69, cuando contaba con algo más de tres años de edad.
Gaviota islandesa YE69

Aparte de su remoto origen, YE69 es una enigmática gaviota de más de 11 años de la que no se tuvo noticia durante los seis años siguientes a su anillamiento en 2012. Pasado ese tiempo se la ve dos veces en su región natal, una en 2018 y otra en 2019. En ese año, 2019, se recogen cuatro observaciones en España, todas en Madrid: una en septiembre, en el vertedero de Colmenar Viejo, y tres en noviembre, en Madrid Río. Es la única gaviota islandesa que hemos visto en el Manzanares durante este invierno.
J092K, la vikinga de la isla de Loppa

J092K es la que viene de más lejos de todas nuestras visitantes. Equipada con un dispositivo GPS en la tibia derecha, procede de la pequeña y remota isla de Loppa (Noruega), al norte del paralelo 70°, ya en el Ártico, y a 3629 km. de Madrid. Fue anillada en 2014 y como mínimo tiene 10 años de edad. La hemos visto en dos ocasiones en Madrid Río, en octubre y enero.

J590. Le gusta la Costa del Sol
J590 es un macho de al menos nueve años anillado en Noruega en 2016. Asiduo a pasar los inviernos en la Costa del Sol, el pasado invierno es el primero que se registra en Madrid; hasta ahora todas las observaciones invernales, más de 30, fueron en la provincia de Málaga, alternándose entre el puerto de la Caleta de Vélez, el de Málaga, la playa de Benajarafe, Torre del Mar, Torremolinos, etc.

H.BAJ. Pasó su primer invierno en la ciudad del Califato
H.BAJ es belga; nacida y anillada en 2014 pasó su primer invierno en el río Guadalquivir, cerca de Córdoba; en los inviernos siguientes la mayoría de sus avistamientos ocurren en Madrid y se reparten entre Colmenar Viejo y Madrid Río, con solo dos registros fuera de esta Comunidad: uno en el puerto de la Caleta de Vélez (Málaga), en enero de 2018, y el otro en Ondárroa (Bizkaia), en marzo de 2019.

Ocho sombrías se anillaron en España, todas en Málaga, por el grupo de anillamiento Luscinia; algunas, como se lee en sus historiales, pasaron momentos apurados que consiguieron superar.

N:3JN. Superó la intoxicación
N:3JN  ingresa intoxicada en una protectora de Málaga donde se la anilla en noviembre de 2017.  Tras un mes de recuperación se libera en el el Puerto de la Caleta de Vélez. La mayoría de las observaciones invernales de esta gaviota se realizan en la provincia de Málaga y algunas en Madrid Río y Colmenar Viejo.

N:45X. Recuperada de su parálisis
A N:45X la recogen en marzo de 2019 en la playa de Pedragalejo, al este de la ciudad de Málaga. El ave padece una parálisis que le impide volar y la trasladan al centro veterinario Baños del Carmen de Fuengirola. Durante la recuperación es anillada y finalmente liberada en abril en Torreblanca. El  11 de diciembre la vimos en Madrid Río totalmente recuperada.

N:3VM. Un pasado escabroso le dejó huella
N:3VM es una sombría adulta anillada en marzo de 2019 en el vertedero de residuos sólidos urbanos de "Los Ruices", en la periferia de la ciudad de Málaga. Lo peculiar de esta gaviota es que tiene el tarso izquierdo amputado en la misma articulación con la tibia en el momento de ser anillada. Su historial recoge un solo registro, el pasado mes de enero en Madrid Río.

La pérdida o fractura de una pata es una lesión bastante frecuente en las gaviotas, y  no es raro ver ejemplares con estas amputaciones o miembros que, sin estar amputados, han perdido su funcionalidad. El pasado invierno frecuentó Madrid Río un primer invierno de sombría con los dos pies amputados, el ave se sostenía sobre los muñones de los tarsos y ofrecía una imagen ciertamente patética. El mismo invierno era habitual otra sombría, en su primer año de vida, que llevaba permanentemente una pata recogida con los dedos agarrotados y vueltos hacia atrás,  a la que llamé "Garfio", pues al volar la pata tenía el aspecto de un gancho que le saliera del abdomen. Este invierno he visto una sombría con plumaje de segundo invierno con esta misma lesión que podría tratarse del mismo ejemplar.


U+C. Anillada en Cardiff, Gales
U+C , galesa de más de seis años observada en distintas ocasiones entre noviembre y febrero en Madrid Río. La distribución de sus registros a lo largo de esos meses invita a pensar que ha pasado gran parte del invierno en Madrid. El último contacto con ella fue el 10.02.2020, lo que resultó ser una magnífica referencia temporal y espacial de su migración prenupcial, porque solo nueve días después, el 19 de febrero, se la vio y fotografió desde la ventana de una vivienda en Cardiff (com. pers. de P. Rock). No sabemos el día que partió de Madrid ni el de su llegada a Cardiff, pero suponiendo que hubiese emprendido viaje el mismo día 10 y llegado a Cardiff el 19, tras seguir una hipotética línea recta que cruzase el golfo de Vizcaya hasta la capital galesa, lo que seguramente no fue así, habría realizado una media de 137 km al día.
6A5:G Patiamarilla donostiarra

La única gaviota patiamarilla que hemos visto anillada es 6A5:G; Nació en 2012 en la Isla de Santa Clara, en la bahía de San Sebastián (Guipuzkoa), donde fue anillada cuando era un pollo por la estación de anillamiento de Txingudi (Sociedad de Ciencias Aranzadi). Su historial consta de 137 observaciones, y todas las ocurridas en invierno se localizan en el centro peninsular, la mayoría en la Comunidad de Madrid (Pinto, Colmenar Viejo y Madrid Río), y alguna en Alcazar de San Juan (Ciudad Real).

Termino esta entrada con algunas notas entresacadas de un estudio publicado en 2012 (*), en el que se marcaron con anillas de lectura a distancia y equiparon con emisores satélites 14 gaviotas sombrías adultas en una colonia holandesa. El objetivo era estudiar las rutas migratorias, el comportamiento seguido por las aves durante la migración y la invernada (escalas y tiempo de parada, movimientos en el área de invernada, etc.)   y diferentes parámetros como la altitud de vuelo y velocidad de desplazamiento, 

Las gaviotas sombrías no siguen rutas migratorias tan rígidas o definidas como otras aves (cigüeñas, rapaces planeadoras, ánsares, etc.); además, realizan movimientos premigratorios, tanto en la migración otoñal como primaveral, que las desvían de la ruta principal y retoman  días o semanas más tarde, cuya finalidad puede ser prospectar nuevos territorios. Estas aves vuelan sobre tierra o mar indistintamente, a diferencia de otras aves que prefieren evitar las masas de agua (rapaces, cigüeñas, etc). La altitud de vuelo no supera normalmente los 250 m.; en el estudio al que hacemos referencia se midió ocasionalmente una altura máxima de 1744 m. Migran preferentemente durante el día, pero también durante la noche, pudiendo cubrir distancias de hasta 177 km/día. Sin embargo, esto no es lo habitual; las sombrías en su viaje migratorio hacen escalas de duración variable en función de la disponibilidad de alimento, y la velocidad media de desplazamiento es sensiblemente menor. En el estudio se registró una media de 44 km/día en la migración otoñal y 98 km/día en  la primaveral, que son velocidades bastante inferiores a las de otras aves migradoras.  Las gaviotas estudiadas no siguieron las rutas más cortas durante su viaje migratorio y, en cambio, se desviaron siguiendo el perfil de la costa. Las aves que ocupan las mismas colonias de cría no comparten necesariamente el área de invernada, y dentro de esta  pueden realizar desplazamientos de mayor o menor alcance durante el invierno.


(*) Raymond, H. G et al. (2011). Migration strategy of a flight generalist, the Lesser Black-backed Gull Larus fuscus. Behavioral Ecology, Volume 23, Issue 1, January-February 2012, Pages 58–68.

jueves, 19 de marzo de 2020

GAVIOTA DE BONAPARTE EN MADRID

Gaviota de Bonaparte (Chroicocepalus philadelfia)

El 29 de febrero por la mañana, un observador comunica la presencia de una gaviota de aspecto algo diferente al de las reidoras con las que se encuentra en el estanque del parque de Las Cruces, un parque urbano entre los distritos madrileños de Carabanchel y Latina.  La foto de la gaviota se difunde por  las redes y enseguida se confirma la identidad del ave: una gaviota de Bonaparte (Chroicocephalus philadelphia) con plumaje de primer invierno. Se trata de una especie norteaméricana divagante en Europa y con solo tres citas, incluida esta, en la Comunidad de Madrid. Algunos aficionados acuden esa misma tarde al parque de las Cruces para observar y fotografiar el ejemplar.
En primer plano, la Bonaparte, detrás una reidora
El día siguiente amanece gris y desapacible,  con algo de viento que riza la superficie del agua. En ella, algunos ánades azulones (Anas platyrhynchos) y un zampullín común (Tachybaptus ruficollis), y en la orilla, varios observadores que esperan desde hace un rato la llegada al pequeño estanque de las gaviotas reidoras, confiando en que con ellas venga la de Bonaparte. No tarda en aparecer; poco después de las 9 un pequeño grupo de reidoras se posa en el agua, y entre ellas la gaviota americana. Entonces, entre ráfagas de disparos de cámaras, podemos contemplarla a placer, pues nada a poca distancia y se acerca atraída por el pan que le arrojan desde la orilla.
Parte inferior del ala más blanca

Se parece mucho a una gaviota reidora de su misma edad, pero presenta  algunos rasgos característicos: pico negro y pequeño, dorso de un gris más oscuro que se extiende por los laterales del pecho, patas cortas y rosáceas y parte inferior del ala más blanca que la reidora. Algo más pequeña que esta, adopta una postura más "aplastada" cuando descansa en el agua, y viéndola junto a las reidoras se aprecia su menor tamaño. Así que, una vez familiarizados con estos detalles, no resulta dificil distinguirla entre las demás gaviotas.
Un rasgo característico: las patas rosadas
Esta especie cría en Alaska y Canada, y curiosamente anida en árboles, principalmente abetos y alerces. En invierno emigra hacia las costas atlántica y del Pacífico, alcanzando el Golfo de Méjico.

¿Cuánto tiempo nos honrará con su presencia? Quién sabe, un día o varios, los que necesite para preparar su largo viaje de vuelta.




miércoles, 5 de febrero de 2020

LECTURA DE ANILLAS: BALANCE DEL MES DE ENERO

Cerramos el mes de enero con 30 nuevas lecturas de anillas en Madrid Río: 27 de gaviotas sombrías (Larus fuscus) y 3 de gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus).  Para ello se emplearon 35 horas distribuidas en 19 días y se realizaron un total de 113 lecturas.

Gaviota argéntea en la zona del Matadero
El resultado es bastante parecido al del mes de diciembre en el que se leyeron 28 anillas de sombrías, aunque en este caso el esfuerzo fue mayor, pues se dedicaron 33 horas durante 13 días.

Sin embargo, ambas cifras quedan muy lejos de las 63 anillas de noviembre (47,5 horas a lo largo de 19 días).

En cuanto a las reidoras, en enero solo se leyeron 3 anillas nuevas y en diciembre cinco. También en diciembre se vio la única cabecinegra (Larus melanocephalus) anillada hasta la fecha.

Detalle de la cabeza
Aunque hemos centrado la atención en la lectura de anillas, no hemos descuidado la oportunidad de ver alguna gaviota de presencia menos habitual en Madrid Río. Así, además de las gaviotas cabecinegras (Larus melanocephalus) de las que ya hablé en una entrada anterior, este mes de enero hemos disfrutado de algúnos ejemplares de gaviota argéntea (Larus argentatus), una especie citada todos los inviernos en Madrid y de la que hemos visto dos ejemplares probablemente en su cuarto invierno, es decir, prácticamente adultas.

Arreglándose el plumaje
Una de estas argénteas frecuentaba la zona del hoy demolido estadio Vicente Calderón, la otra la hemos observado en varias ocasiones frente al Matadero. Dos bonitas gaviotas de color gris claro con la parte inferior blanca, que destacaban, tanto en tierra como en vuelo, entre las  sombrías a las que acompañaban.

sábado, 25 de enero de 2020

GAVIOTAS CABECINEGRAS EN MADRID RÍO

Este invierno llevo vistos cuatro ejemplares distintos de gaviota cabecinegra (Larus melanocephalus) en Madrid Río.

Esta especie no es habitual en el Manzanares, como es el caso de las numerosas gaviotas sombrías (Larus fuscus) y reidoras (Chroicocephalus ridibundus), pero siempre se ven algunos ejemplares durante el invierno. Descubrirla entre los cientos de gaviotas que se mueven por este tramo urbano del río es, a veces, una ardua tarea, y siempre una agradable sorpresa.
Gaviota cabecinegra en plumaje de primer invierno (menos de un año de edad). Este individuo lleva una anilla de la República Checa




El 23 de diciembre, cerca del puente de Andalucía, una cabecinegra con plumaje de primer invierno (indicativo de que nació el año pasado), anillada el 5 de junio en la república Checa, se acicalaba el plumaje posada en una isleta arenosa. Tres días más tarde, el 26, otro ejemplar, también un  primer invierno, nadaba entre las ruidosas reidoras  en una zona cercana a donde había observado el ejemplar anillado.
Ejemplar en plumaje de segundo invierno. Es característico de esta edad el barrado oscuro en el extremo de las primarias

Reidora y cabecinegra tienen un plumaje muy parecido durante su primer invierno. Para distinguirlas hay que fijarse en detalles como la estructura y forma del pico, diseño de la máscara facial y color de las patas.
Esta y la siguiente foto corresponden a una cabecinegra adulta en plumaje invernal (dos o más años de edad)

El 27 de diciembre, un individuo de segundo invierno destacaba de las reidoras entre las que se encontraba por sus primarias externas con conspicuas manchas negras.  Este detalle, unido a los otros mencionados, puede servir para distinguirla de las reidoras adultas en esta estación del año.
El mismo individuo de la foto anterior

Ya en enero, el día 12, un amigo me mostró un bonito ejemplar adulto de esta especie, también en la zona del Matadero. Las plumas del ala completamente blancas no dejaban lugar a dudas a la hora de identificarla entre las siempre numerosas reidoras.
Detalle de la cabeza del ejemplar de segundo invierno

La región del Mar Negro acoge la mayor población reproductora de esta gaviota. En 1940 comenzó a extenderse hacia el oeste del continente europeo, y en la actualidad la gaviota cabecinegra se reproduce en colonias, de un número muy variable de parejas, en muchos paises del centro y sur de Europa. En España, las parejas reproductoras son pocas y ocupan determinados enclaves (delta del Ebro, lagunas manchegas, Albufera de Valencia, etc.).

En la Península, inverna principalmente en la costa mediterránea y en menor medida en el Cantábrico. Su aparición en zonas del interior es más ocasional.

sábado, 11 de enero de 2020

SEGUIMIENTO DE GAVIOTAS ANILLADAS

Desde el 9 de octubre hacemos un seguimiento de las gaviotas con anillas de lectura a distancia observadas en un tramo urbano del río Manzanares.
Río Manzanares junto al Matadero
En concreto, la parte de Madrid Río comprendida entre el puente de Andalucía y la zona donde se ubicaba el estadio Vicente Calderón --algo más de 2 km--, aunque la mayoría de las observaciones se concentran frente al Matadero.

Hasta el 30 de diciembre se han empleado 50 días, 103 horas de observación y realizado 193 lecturas de 124 anillas. De estas, 103 corresponden a gaviotas sombrías (Larus fuscus),  19 a gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus), una a gaviota patiamarilla (Larus michaellis) y una a gaviota cabecinegra (Ichthyaetus melanocephalus).

Las sombrías anilladas proceden de los Países bajos (40), Reino Unido (18), Alemania (14), Noruega (7), Dinamarca (6), Francia (6), Bélgica (5), España (5), Islandia (1) e Irlanda (1).
 Cabecinegra anillada en Rep. Checa

La única gaviota cabecinegra que hemos visto con anilla proviene de la República Checa, donde fue anillada como pollo el pasado mes de junio. Lleva una anilla roja con el código ZAL5.

La mayoría de las gaviotas reidoras se anillaron en Polonia (8), el resto  viene de Bélgica (3), P. Bajos (3), Lituania (1), Alemania (1),  Croacia (1), Francia (1) y España (1).

Pocas son las gaviotas anilladas en España, solo cuatro sombrías, una patiamarilla y una reidora. Las sombrías se anillaron en la provincia de Málaga, dos de ellas en centros de recuperación tras haberlas encontrado  heridas o con problemas físicos.
Patiamarilla anillada en San Sebastián
La patiamarilla se anilló como pollo el 21.06.2012 en la isla de Santa Clara, en la bahía de S. Sebastián (Guipuzcoa), y lleva una anilla roja con el código 6A5.G; desde entonces, su presencia es habitual durante el invierno en Madrid . La reidora  porta una anilla azul con la inscripción NE40 y fue anillada el pasado enero en Barcelona.
Gaviota reidora anillada en Barcelona

La gaviota de origen más remoto controlada en el Manzanares es una sombría anillada en 2014 en la isla de Lotta (Noruega), en el Ártico, a 3629 km de Madrid. Lleva, además de la anilla de pvc negro con la inscripción  J092K,  un geolocalizador en la tibia derecha.
Gaviota de Lotta con geolocalizador

Otra audaz viajera, una sombría islandesa anillada en 2012 cerca de Reikiavik, porta una anilla azul con la
La gaviota islandesa YE69
inscripción YE69; la hemos observado en tres ocasiones en el río. Para llegar hasta aquí, si hubiese volado en línea recta, habría recorrido la nada desdeñable distancia de 2890 km.

La gaviota que más veces hemos visto es una noruega con la anilla negra J973C. En el último trimestre del año la hemos observado en 15 ocasiones. Durante el pasado invierno también fue una de las que más lecturas acumuló.
Gaviota noruega J973C






domingo, 1 de diciembre de 2019

SOTO GUTIÉRREZ Y SU COMUNIDAD DE AVES


Texto; Eduardo Blanco. Fotografías: Andrés FigueroaDavid Montes Alonso, José Luis Arroyo, José Pozo, Pablo Toledo, Ricardo Bedia, Ricardo Rodríguez Llamazares, Roberto Mayo y Sebastián Ayllón (*)

(*) Casi todos, miembros del grupo de WhatsApp Mundo Pajarero.


Soto Gutiérrez es una zona agrícola en la vega del río Jarama incluida en el Parque Regional del Sureste, entre las localidades madrileñas de S. Martín de la Vega y Ciempozuelos, en cuyo término municipal se hallan las  6300 hectáreas de este espacio integrado en el LIC/ZEC Vegas, Cuestas y Páramos del Sureste de Madrid. Al oeste limita con cerros y páramos poblados de retamares y matorral gipsícola, y al este con el río Jarama y sus cantiles yesíferos.
Bueyes de raza berrenda ©E. Blanco
La principal actividad es la agricultura de regadío, maíz y hortalizas principalmente. Hay dos explotaciones ganaderas, una de reses bravas y otra de bueyes de la raza berrenda en colorado, destinada a la producción de carne. La ganadería ovina debió de tener más auge en otros tiempos, pero hoy solo algún rebaño de ovejas recorre las vías pecuarias que cruzan Soto Gutiérrez. Junto a uno de los principales caminos rurales se emplaza la estación depuradora de aguas residuales de Ciempozuelos (EDAR), y en la margen derecha del río unas graveras se dedican a la extracción de áridos.
Real Acequia del Jarama                                        ©E. Blanco
Los cultivos se riegan con el agua del Jarama canalizada por la Real Acequia del Jarama desde la presa del Rey, en Rivas-Vaciamadrid. La Real Acequia o canal del Jarama se dirige hacia el sur, recorre Soto Gutiérrez por el oeste y distribuye el agua mediante acequias  que siguen, en ocasiones, el trazado de los caminos agrícolas;  de aquellas, a su vez, salen acequias menores que se internan en las parcelas.
Camino agrícola y acequia de riego                       ©E. Blanco
La temporada de riego a manta o por inundación comienza en abril y se prolonga hasta el final del verano. En todo ese tiempo las parcelas se inundan y muchas zonas, incluso no cultivadas, permanecen anegadas, condicionando el comportamiento y la presencia de las aves.
Pastos para el ganado                                            ©E. Blanco
También los pastos destinados al ganado se riegan para facilitar el crecimiento del forraje y atraen a diferentes especies de anátidas y limícolas, cigüeñas, moritos, garzas, etc., que encuentran alimento y cobijo en estos pastizales.


Zona inundable                                                     ©E. Blanco
El resultado es un área de cultivo salpicada de zonas de escaso o nulo provecho agrícola ocupadas por carrizales, graveras inundadas, balsas para el ganado, pastos y baldíos, que se intercalan entre las parcelas formando un mosaico de hábitats. Crece un arbolado escaso y disperso, concentrado en la zona de la Casa de las Riadas y finca de Soto de Campogrande, y en las márgenes del río. Esta variedad de ambientes confiere al lugar condiciones para albergar una población muy diversa de aves residentes y estivales, invernantes y de paso.
Carricerín real                                          ©José Luis Arroyo
Por todo el enclave se reparten masas de carrizo (Phragmites australis) más o menos extensas; en ellas se reproducen la garza imperial (Ardea purpurea), el calamón (Porphyrio porphyrio), el rascón (Rallus aquaticus) y la gallineta (Gallinula chloropus).

Carrizal                                                                  ©E. Blanco
Pueblan el carrizo una cohorte de passeriformes vinculados a ese medio: el carricero común (Acrocephalus scirpaceus) y el carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), reproductores; el bigotudo (Panurus biarmicus), pájaro discreto que pasa a menudo desapercibido, no tanto por su aspecto --muy llamativo-- como por sus hábitos; el carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus), relativamente frecuente durante los pasos migratorios, y dos especies de aparición más escasa pero que se observan y anillan habitualmente en migración: el carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola) y el carricerírn real (Acrocephalus melanopogon).

No se puede pasar por alto la presencia invernal del  escaso y amenazado escribano palustre (Emberiza schoeniclus). Aunque la población europea de esta ave parece haber descendido algo desde 1980 (Copete & Christie 2019), su categoría de conservación según la UICN es: no globalmente amenazada  (LC). En cambio, las subespecies ibéricas E. s lusitanica y E. s witherbiy figuran en el Libro Rojo de las Aves de España en la categoría: en peligro.

Cistícola buitrón                                                       ©E. Blanco
El buitrón (Cisticola juncidis) y el cetia ruiseñor (Cettia cetti), son pájaros habituales de linderos, carrizos, herbazales, acequias y junqueras. A ellos se les une a principios del otoño, incluso antes, el vistoso ruiseñor pechiazul (Cyanecula svecica). El principal contingente de pechiazules que llega a España o la cruza camino de África proviene de Francia, Alemania, Países Bajos y Bélgica, al que se suma la población estival tras abandonar sus zonas de cría en cotas altas del  Sistema Central, cordillera Cantábrica y Montes de León, principalmente (Bermejo y Vera 2012). En Soto Gutiérrez el pechiazul debe de ser un invernante regular, según las capturas invernales que se suceden desde hace años en diferentes campañas de anillamiento (Gómez 1997).
Bengalí rojo                                                             ©José Pozo
El bengalí rojo (Amandava amandava), pájaro de origen asiático, fue citado por primera vez para la Comunidad de Madrid en Arganda del Rey, al capturarse un ejemplar en 1973 durante una campaña de anillamiento del Centro de Migración y Cátedra de Vertebrados. El primer dato de reproducción confirmado en Madrid es de 1974 (Bermejo et al. 1999). Desde entonces, es relativamente común en el sureste madrileño, donde mantiene una población reproductora estable y sedentaria, como parecen indicar las recuperaciones de ejemplares anillados (Bermejo et al. 2000).

El periodo reproductor del bengalí es más tardío que el de las especies autóctonas, en la Comunidad de Madrid se extiende entre julio y diciembre. En España se distribuye por el cuadrante suroccidental, ocupando las vegas de los ríos Tajo, Guadiana y Guadalquivir. Sus hábitats preferidos son los cultivos de regadío e inundación (Mayordomo 2012); en Soto Gutiérrez ocupa cultivos carrizos y juncales.

Tarabilla norteña                         ©E. Blanco
Las aves típicas de la campiña están bien representadas. Entre las más significativas --enumerar todas sería prolijo-- destacan: cogujada común (Galerida cristata), jilguero común (Carduelis carduelis), serín verdecillo  (Serinus serinus), verderón común (Chloris chloris), herrerillo común (Cyanistes caeruleus), carbonero común (Parus major) y pinzón vulgar (Fringilla coelebs), todos ellos residentes; pájaro moscón (Remiz pendulinus), residente con invernantes; alcaudón común (Lanius senator), estival; tarabilla común (Saxicola rubicola); tarabilla norteña (Saxicola rubetra), abundante en el paso otoñal, etc.

Rayando con la finca ganadera Soto de Campogrande, unas antiguas graveras convertidas en lagunas mantienen agua casi todo el año, aunque con notables fluctuaciones. Al carecer prácticamente de orilla la presencia de limícolas es reducida, salvo cuando el nivel del  agua desciende mucho; entonces puede verse agachadiza común (Gallinago gallinago), chorlitejo chico (Charadrius dubius), andarríos grande (Tringa ochropus), etc. Algunas especies menos comunes pueden hacer acto de presencia, como la agachadiza chica (Lymnocryptes minimus). Precisamente, un ejemplar de esta especie fue visto durante unos días el pasado invierno.
Agachadiza común                                              ©E. Blanco
Entre las acuáticas más fáciles de observar citamos las fochas (Fulica atra), gallinetas (Gallinula chloropus) zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) y somormujos lavancos (Podiceps cristatus). Durante el invierno se presentan diferentes especies de anátidas: ánade azulón (Anas platyrhynchos), ánade friso (Anas strepera), cuchara (Anas clypeata), porrón europeo (Aythya ferina), cerceta común (Anas creca),  y, algo menos frecuente, el porrón pardo (Aythya nyroca). Durante los pasos migratorios pueden aparecer la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala),  cerceta pardilla (Marmaronetta angustirrostris) y cerceta carretona (Anas querquedula).

Las graveras están rodeadas de un denso carrizal donde a veces pasan desapercibidas aves de comportamiento discreto, como el calamón (Porphyrio porphyrio)  y el rascón (Rallus aquaticus). En cambio, los carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus) y tordales (Acrocephalus arundinaceus) se hacen notorios durante la estación reproductora por su incesante canto. También puede verse al martín pescador (Alcedo atthis) perchado en alguna rama cercana al agua, y algún bigotudo rebullir entre el carrizo.
Moritos                                                © David Montes Alonso
Desde el mes de julio se suceden las observaciones de moritos (Plegadis falcinellus)  en pastizales, campos encharcados, balsas y rastrojos.  La presencia de estas aves se debe a movimientos de dispersión desde las colonias de cría que, en la Península Ibérica, se localizan sobre todo en las Marismas del Guadalquivir,  con 3643 parejas en 2007. Otros núcleos reproductivos son el Delta del Ebro, con 119 parejas, y la Comunidad Valenciana, con 15, ambas cifras también de 2007 (Máñez et al 2009).

El 23 de septiembre se localiza un grupo de 16 moritos en un prado ganadero de la finca Soto de Campogrande.  Uno de ellos lleva en la tibia una anilla de lectura a distancia; por la información de la anilla se sabe que procede precisamente de uno de esos núcleos reproductivos: Mata del Fang (Albufera de Valencia), donde se anilló como pollo el 12.07.2018.  Además, fue visto el 12.08.2019 en la Laguna de la Veguilla, en Alcazar de S. Juan (Ciudad Real).

Las áreas de invernada del morito coinciden en gran medida  con las de reproducción, por lo que la presencia de esta especie en Soto Gutiérrez durante el invierno debe ser poco habitual, aunque este año se han seguido viendo algunos ejemplares durante el mes de noviembre.
Ibis sagrado                                                 ©Sebastián Ayllón
Un ave de la misma familia que el morito (Threskiornithidae) es el ibis sagrado (Threkiornis aethiopicus). Su distribución es subsahariana pero hay poblaciones naturalizadas en Francia e Italia procedentes de aves escapadas de cautividad. En ocasiones se presentan en España algunos íbises procedentes de las poblaciones francesas. Este año se ha estado viendo un ibis sagrado mezclado con cigüeñas, moritos y garcillas en Soto Gutiérrez.
Avetoro                                   ©Pablo Toledo

Un capítulo aparte merecen las ardeidas por su importante presencia aquí. Son nueve las especies de garzas que se han visto este año, es decir,  todas las especies presentes en la Península ibérica.




Avetoro                                 ©Roberto Mayo
La aparición de un avetoro (Botaurus stellaris) de origen y estatus incierto, en una zona temporalmente encharcada y con densa vegetación proxima a la estación depuradora (EDAR), sorprendió a muchos y afortunados pajareros que pudieron disfrutar  de este "fantasma"  del carrizal desde el mes de julio hasta mediados de septiembre.
Garcilla bueyera                                                                 ©E. Blanco
La garcilla bueyera  (Bubulcus ibis) es la garza más abundante en Soto Gutiérrez pero no se reproduce aquí. Durante todo el año se ven bandos dispersos por campos y rastrojos, no necesariamente cerca del agua. Es frecuente verla acompañando a algún rebaño de ovejas o en los pastos entre el ganado vacuno.

La Comunidad de Madrid alberga una numerosa población invernante de garcilla bueyera; en el censo de 2011 se contabilizaron un total de 12584 aves (Garrido et al 2012).  La única colonia de cría de la Comunidad, en el ámbito de dicho censo,  fue la gravera de Soto Mozanaque (Algete), donde se registraron 800 parejas reproductoras en 2011 (Garrido et al 2012).
Garceta grande                                                   ©Ricardo Bedia
La garceta grande (Ardea alba) inverna en España y tiene una pequeña población reproductora. En el censo de garzas reproductoras de 2011, las marismas de Doñana (28 parejas), el delta del Ebro (11 parejas) y las Tablas de Daimiel (7 parejas) resultaron ser las principales zonas de reproducción de esta garza en España (Garrido et al. 2012). 

Durante el censo de aves invernantes 1999-2001 de la Comunidad de Madrid, se realizaron un reducido número de observaciones de esta ardeida entre los meses de agosto y diciembre, por lo que se la consideró una invernante accidental (Del Moral et al. 2002).
Garceta grande                 ©E. Blanco
Desde entonces, se aprecia un fuerte incremento del número de garcetas grandes invernantes en España (Garrido 2012). En Soto Gutiérrez se la ve  en invierno y en épocas de paso, siempre junto al agua, en balsas para el ganado, pastizales inundados y graveras.

El día 13 del pasado mes de octubre se observa un grupo de nueve garcetas grandes en la laguna del EDAR. Dos llevan anillas de lectura a distancia. Una de ellas se anilló como pollo el 26.05.2019 en el lago Luodis, al este de Lituania, cerca de las fronteras Letona y Bielorrusa. La otra, anillada también como pollo el 18.05.2013 en la Reserva Ornitológica de Ribnjak Jelas (Croacia).

Garceta común                                                         ©E. Blanco
La garceta común (Egretta garzetta) es una garza frecuente al final del verano, cuando se la ve en zonas con agua, como  la laguna de la depuradora, las graveras y los pastizales encharcados de la Casa de las Riadas, donde se asocia a veces con garcillas bueyeras.

En el Atlas de las aves invernantes de Madrid 1999-2001, se la considera muy rara en invierno (Del Moral et al. 2002), y en el censo de garzas invernantes en enero de 2011 en esta misma comunidad solo se contaron 15 individuos. Desde ese año el número de invernantes ha ido en aumento y en Soto Gutiérrez es una invernante regular.

Garcilla cangrejera                               ©Ricardo Rodríguez 
Poco frecuente en Soto Gutiérrez es la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides), y cuando aparece lo hace en escaso número o individuos aislados. El pasado mes de septiembre se realizaron varias observaciones en la laguna del EDAR y el pastizal de la Casa de las Riadas, quizá todas del mismo individuo. La garcilla cangrejera no se reproduce en la Comunidad de Madrid; es un invernante subsahariano que inverna en España en muy escaso número. En el censo de garzas invernantes de enero de 2011 se detectaron solo 31 individuos, de los que se desconoce su origen (Garrido et al. 2012).
Avetorillo                ©Andrés Figueroa
La garza más pequeña que se encuentra en Soto Gutierrrez es el esquivo avetorillo (Ixobrychus minutus). Se le encuentra en los carrizales de las graveras y la laguna del EDAR y, pese a su discrección, en ocasiones vuela al descubierto y cruza la lámina de agua desapareciendo en el carrizo de la otra orilla. Se le detecta, sobre todo en primavera, por el sonido en tono bajo que emite desde el interior del carrizal.

El avetorillo es una especie estival que seguramente se reproduzca en Soto Gutiérrez. La población invernante en España parece estar muy dispersa, de ahí la dificultad de su censo; el grueso de la misma se distribuye por las cuencas del Tajo y el Guadiana (Garrido et al. 2012). No hay que descartar que algún individuo permanezca en esta zona durante el invierno.

El martinete (Nycticorax nycticoras) es la garza de hábitos más nocturnos. Un buen momento para verlo es al atardecer, poco antes del ocaso. Entonces aparecen adultos y juveniles  que vuelan desde el arbolado del río y se  dispersan  por los alrededores del EDAR y otras zonas de Soto Gutiérrez.
Martinete                                                                 ©E. Blanco
Hata el año 1990, el martinete se consideraba estrictamente estival en la Península Ibérica, desde entonces, la población invernante ha ido en aumento y se distribuye principalmente por la desembocadura del Guadalquivir, con más de la mitad del total, delta del Ebro,  la Albufera de Valencia, Castilla-La Mancha, Baleares y Extremadura. Las áreas de reproducción, por orden de importancia, son Andalucia, Cataluña, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Extremadura y Castilla y León. En la Comunidad de Madrid, durante el censo de garzas reproductoras de 2011, se contaron 55 parejas en la gravera de Soto Mozanaque. Las zonas de reproducción más cercanas a esta Comunidad fueron el tramo del Tajo entre Seseña y Toledo, con 55 parejas, y las graveras El Puente, también en Toledo, con 60 parejas  (Garrido et al. 2012); estos serían los núcleos reproductores más cercanos a Soto Gutiérrez.

Las garza imperial (Ardea purpurea) es una ardeida citada muy pocas veces en la Comunidad de Madrid  antes de 1990. En 1991 se confirmó la reproducción de una pareja, y entre 2002 y 2012  el número de parejas reproductoras en el sureste madrileño fluctuó entre 38 y 75 (Ceballos et al. 2015). En el censo de garzas reproductoras de 2011, se contabilizaron 78 parejas en la Comunidad de Madrid (Garrido et al. 2012), y en 2018 su número ascendió a 105 (F. Durán 2019).

En Soto Gutiérrez es una especie estival y numerosa durante la primavera y el verano, cuando es posible observar grupos de hasta 10 o 12 individuos en lugares favorables, como las inmediaciones del EDAR o los pastos de la Casa de las Riadas.
Garza real                                                                 ©E. Blanco
En cambio, la garza real (Ardea cinerea) , invernante habitual, empieza a ser frecuente a principios del otoño; entonces comienzan a verse individuos repartidos aquí y allá, generalmente cerca del agua. La encontramos en la laguna del EDAR, en las antiguas graveras y en los alrededores de la Casa de las Riadas, en la finca de Soto de Campogrande.

Cigüeñas y cormoranes en la laguna del  EDAR          ©E. Blanco
Junto a la estación depuradora de aguas residuales (EDAR) hay una antigua gravera, hoy en desuso, cercada por una alambrada rota o tumbada en algún punto de su perímetro.
Estación depuradora y gravera inundada                      ©E. Blanco
Esta gravera siempre tiene agua aunque el nivel fluctúa mucho en función del régimen de riegos y precipitaciones. De forma que zonas  inundadas durante semanas o meses se secan enseguida cuando acaba la temporada de riego. Entonces, el agua se mantiene solo en lugares favorables, y una franja amarilla en el carrizo señala la altura que alcanzaba poco tiempo atrás.  En algunos puntos de la orilla crece un cordón de carrizo (Phragmites australis) que da cobertura a passeriformes como carriceros, bigotudos, bengalíes, etc.; también a acuáticas como el calamón (Porphyrio porphyrio), rascón (Rallus aquaticus), gallineta (Gallinula chloropus) y zampullín común (Tachybaptus ruficollis). En aguas abiertas se ve somormujo lavanco (Podiceps cristatus), cuchara  común (Anas clypeata), ánade azulón (Anas platyrhynchos), ánade friso (Anas strepera), porrón europeo (Aythya ferina), etc.

Laguna del Edar. Garza real y garcetas                            ©E. Blanco
A comienzos del otoño la laguna  atrae un gran número de cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) que descansan en sus aguas o secan el plumaje en sus orillas, ahora agrandadas tras el  descenso del agua. Las cigüeñas comunes (Ciconia ciconia) forman bandos  de cientos de aves que ocupan las orillas o se alimentan en los barbechos cercanos recién arados. Algunas llevan anillas de lectura a distancia de muy diversa procedencia. El 02.10.2019 se ven dos cigüeñas con esta clase de marcas: una anillada el 06.06.2013 en Basel (Suiza), y la otra el 27.05.2014  en Saint-Jean d’Angle, al norte de Burdeos (Francia).

En noviembre son frecuentes los bandos de grullas (Grus grus) volando sobre Soto Gutiérrez, incluso posados en la laguna del EDAR y alrededores. Este es un buen lugar, sin duda, para disfrutar con el gruir y el paso de estas incansables viajeras.

Andarríos bastardo                           ©E. Blanco
El pastizal de la Casa de las Riadas se inunda de manera discrecional. En primavera y otoño congrega cigüeñuelas (Himantopus himantopus) y limícolas en paso: archibebe común (Tringa totanus), andarríos grande (T. ochropus), andarríos chico (Actitis hypoleucos),  andarríos bastardo (Tringa glareola), combatiente (Calidris pugnax), etc.  En otoño e invierno se ven cigüeñas comunes (Ciconia ciconia), moritos, alguna espátula (Platalea leucorodia), garceta grande (Ardea alba), garza real (Ardea cinerea) y garceta común (Egretta garzetta). En primavera y verano la abundancia de insectos atrae a muchos abejarucos (Merops apiaster) que se posan  en la alambrada y los árboles que rodean el pastizal.  Entre las ramas de esos mismos árboles, pero difícil de localizar, se mueve el diminuto pico menor (Dryobates minor), que podría reproducirse en estos sotos.
Espátulas                                                         ©José Luis Arroyo

El cercado de los caballos, los pastizales de la finca Soto de Campogrande y los pastos de la Casa de las Riadas son buenos lugares, cuando están encharcados, para observar limícolas. Durante el año aparecen especies como el andarríos bastardo (Tringa glareola), andarríos grande (Tringa ochropus), andarríos chico (Actitis hypoleucos), combatiente (Calidris pugnax), archibebe claro (Tringa nebularia), etc.

Combatiente                     ©E. Blanco
La primavera y el verano son periodos  propicios para observar cigüeñuelas (Himantopus himantopus) y chorlitejos chicos (Charadrius dubius), cuyo número aumenta en septiembre. Por esas fechas aparecen migrantes que pueden permanecer algunos días antes de continuar viaje: combatientes (Calidris pugnax), correlimos comunes (Calidris alpina), correlimos menudos (Calidris minuta), correlimos zarapitines (Calidris ferruginea), espátula (Platalea leucorodia)  agachadizas comunes (Gallinago gallinago), muy numerosas en el paso otoñal, y avefrías (Vanellus vanellus). Agachadizas y avefrías también son frecuentes en invierno. Otras aves habituales en distintas épocas del año son: lavandera blanca (Motacila alba), lavandera boyera (Motacilla flava), bisbita pratense (Anthus pratensis), estornino negro (Sturnus unicolor), estornino pinto (Sturnus vulgaris), abubilla (Upupa epops), etc.

En otoño e invierno hay dos lugares interesantes para observar anátidas: los pastizales encharcados de la finca Las Olivas y de la Casa de las Riadas. Podemos pasar un buen rato en el camino, al poco de salir de Las Olivas, o en la Casa de las Riadas, intentando descubrir, mientras comen ocultos entre el pasto, silbones europeos (Anas penelope), cercetas comunes (Anas crecca), cucharas (Anas clypeata), ánades frisos (Anas strepera),  rabudos (Anas acuta), etc.

Muchas aves vinculadas al entorno humano se encuentran en Soto Gutiérrez. Entre las más habituales: estornino negro (Sturnus unicolor), gorrión molinero (Passer montanus), gorrión común (Passer domesticus), tórtola turca (Streptopelia decaocto), paloma bravía (Columba livia), golondrina común (Hirundo rustica), vencejo común (Apus apus), avión común (Delichon urbicum), golondrina dáurica (Cecropis daurica), lavandera blanca (Motacilla alba), etc. En otoño, gorriones molineros (P. montanus) y morunos (P. hispaniolensis) forman grandes bandos que pasarán el invierno recorriendo rastrojeras y barbechos en busca de semillas y pequeños invertebrados.
Aguilucho lagunero                                   ©Andrés Figueroa
La rapaz más representativa del carrizal es el aguilucho lagunero (Circus aeuruginosus). Por su forma y vuelo característico es fácil de detectar durante sus incursiones por carrizales y espadañales en busca de presas, provocando en ocasiones el despegue precipitado y ruidoso de anátidas y otras acuáticas alarmadas al paso de su silueta.

A lo largo del año surcan el cielo de Soto Gutiérrez rapaces como el busardo ratonero (Buteo buteo), águila calzada (Hieraaetus pennatus), milano negro (Milvus migrans), milano real (Milvus milvus), culebrera europea (Circaetus gallicus), águila real (Aquila chrysaetos), etc. Los sotos y arboledas pueden sorprendernos con la aparición del alcotán europeo (Falco subbuteo), el gavilán (Accipiter nisus) o el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus). En los cercanos cortados del Jarama, al otro lado del río, el búho real (Bubo bubo) es la rapaz nocturna que mejor se identifica con esas paredes yesíferas.


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